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Nuestra Bodega

Domingo Salustiano Manso de Zúñiga y Areyzaga, VIII Conde de Hervías y Vizconde de Negueruela, ordenó en 1816 la construcción de una bodega en Torremontalbo, localidad que llevaba en manos de su familia desde el siglo XIII.

Bajo este edificio, se excavaron una serie de galerías subterráneas (calados) que se revistieron con piedra de sillería. Estas cuevas sirvieron para la crianza del vino embotellado gracias a que conservan una temperatura constante, de alrededor de 15 grados, durante todo el año. La anchura de sus arcos, que no tienen parangón en La Rioja, es prueba de nobleza ya que indica que la bodega fue pensada para elaborar y almacenar una gran cantidad de vino procedente, no solo de los viñedos de Torremontalbo, sino también del resto de las localidades de la zona de las que el Conde de Hervías era señor.

Además, ampliaron las instalaciones con la construcción de un edificio más, que seguía el mismo estilo arquitectónico que el primero, con el objetivo de conservar la armonía con el entorno. El nuevo espacio, dividido en su interior, estaría destinado a desempeñar cuatro funciones: sala de embotellado y almacén, en su mayor parte; oficinas; casa del guarda y salón- comedor para reuniones y comidas.

En 1987, la nueva bodega, fusión de la herencia y el esfuerzo de los hermanos Amézola, fue fundada bajo el nombre de Bodegas Amézola de la Mora, S.A.

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Los viñedos

Las sesenta hectáreas de viñedos propios de las que dispone la bodega están todas situadas en torno a la bodega inspirándose así en el estilo château francés. Nuestra bodega sigue el modelo de autoabastecimiento de uva, y fue la pionera en la implantación de este sistema en la D.O.Ca. Rioja

Conocedores de que el vino nace en la cepa, todos nuestros esfuerzos se centran en el cuidado de nuestros viñedos y nuestras uvas. El disponer viñedos propios y cultivarlos directamente, nos permite un riguroso control de todo el proceso de campo con el deseo de obtener  siempre la mayor calidad en  nuestras uvas.

Los suelos, son arcillosos-calcáreos, pedregosos y calizas, son excepcionales para el cultivo de las variedades Tempranillo, Mazuelo, Graciano y Viura, con las que se elaboramos nuestros vinos y proporcionan vinos de gran calidad, de acidez elevada, e intenso color.